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Fue en la selva, en la amazona ecuatoriana. Los indios shuar estaban llorando a una abuela moribunda. Lloraban sentados, a la orilla de su agonía.
Un testigo, venido de otros mundos, preguntó:
- ¿Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva?
Y contestaron los que lloraban:
- Para que sepa que la queremos mucho.
Dedicado a Majo, Euge y familia Laplazotte.
9 de diciembre de 2009
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ufff, se me estrujó el corazón, che!
ResponderEliminarsiemrpe hay que hacer saber cuánto se quiere a las personas... y tantas veces lo olvidamos...