
Cuando uno está en las butacas, el escenario y los intérpretes parecen muy lejanos. Más lejano de lo que físicamente lo están.
Lejos por su gloria.
Y, entonces, a uno le dan ganas de pararse y apludir.
Cuando uno está en el escenario, las butacas y el público, parecen que están encima de uno.
Mucho más encima de lo que verdaderamente lo están.
Y las primeras veces pueden aparecer los nervios y el miedo.
Cuando no hayan miedos entre el escenario y el intérprete y de las butacas el público se pare a aplaudir, el teatro estará feliz.
Y en ese momento, el intérprete y el público, alcanzan juntos la gloria.
Pata.
la alcanzaste? la alcanzaste?
ResponderEliminarqué gloria soñada esa!